FILOSOFIESTA

HACIA LA FILOSOFÍA DESDE LA DIVERSIÓN Y HACIA LA DIVERSIÓN DESDE LA FILOSOFÍA

Aquí está mi primera experiencia.

1.- Busca un lugar tranquilo y solo (si hay alguien puede pensar que estás mal de la cabeza)
2.-Comienza a llamarte a ti mismo/a
3.- Durante un buen rato, con distintos tonos, con distinta exigencias, con distinta intencionalidad
4.- Más rato todavía
5.- Y si después de un buen rato sientes algo, concluye el experimento respondiedo, tambien en voz alta "¿Qué quieres?"

Y después por supuesto escribe en este foro lo que has sentido, antes, durante y después de la experiencia.

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Respuestas a esta discusión

LLAMARSE A UNO MISMO.

Empecé esta experiencia en mi cuarto, tumbada en la cama y mirando al techo. En completo silencio en mi habitación, y me empecé a llamar de distintas formas. En primer lugar empecé a llamarme con serenidad, pronunciando muy bien mi nombre, con mucha calma y tranquilidad. Luego, comencé a llamarme un poco más ansiosa e impaciente, después ya con un poco de malhumor, y ya muy muy cabreada. Al poco, empecé a llamarme otra vez pero con voz cariñosa y tierna. Luego con voz de indignada y decepcionada, luego diciendo mi nombre muy fuerte, y luego muy bajito.

Me podría tirar como 15 minutos llamándome de todos los tonos posibles que existen, hasta que ya fue como que me di cuenta, como que desperté y deje de hacerlo.  Era un tanto extraño estar llamándote a ti mismo y que por eso no había contestación. O eso creía. Pero si, si que la hubo. Cuando de ultimas me llamé, ya cabreada y un poco ida de la cabeza, me contesté: ¿QUÉ?

Fue algo un tanto extraño, ya que llamarse a uno mismo y que al final de tanto darnos la tabarra a nosotros mismos, ya cansada contestase. Me sentí muy rara, era como que mi nombre había perdido todo su sentido y como que yo no sabía qué hacer, hasta que contesté ese: ¿QUÉ?. Después de responder, no dije nada, simplemente seguí tumbada en mi cama, mirando al techo, y pensando en profundidad el por qué pasaba que si yo me llamaba a mí misma, al final, dentro de los minutos que hagan falta, por qué al final me contesté.

Yo creo que es el mismo efecto que tenemos cuando alguien nos llama muchas veces repetidas y ya hartos de oír a esa persona le respondemos bruscamente. Pues yo creo que eso fue fruto de mi mente, que actuó como si fuera alguien quien me llamaba hasta que al final contesté yo.

Cuando terminas de realizar esta experiencia, te sientes un poco raro, porque claro, has estado como quince minutos tú solo en completo silencio llamándote cada segundo por tu nombre hasta que llega un punto en el que te vuelves completamente loca y tienes que responder si o si porque si no te da algo.

Después de estar un rato y contestarme ¿qué? Me paré a pensar y seguí un rato más. Me llamé de otras formas distintas, más exigente, menos.. Bueno de muchas formas distintas, hasta que ya empecé a notar un gran vacío en la habitación y en mí. Me empezaba a sentir rara, como que no tenía sentido lo que estaba haciendo, como que era un poco absurdo, y me empecé a reír. Después seguí llamándome, hasta que antes de perder la cabeza me dije: ¿Qué quieres? Y fue justo ahí cuando no sabía qué responder, no sabía qué decir ni de qué manera, no sabía qué era lo que quería.

Pero lo que sí que sabía y que sentía era un gran vacío en mi nombre y en mi.

Así que por unos minutos me sentía bastante rara.. Me levanté de mi cama, me senté al filo y me quedé pensando en por qué me pasaba eso, pero, bajo mi pesar, no encontré una respuesta. Así que nada, me fui al salón a sentarme en el sofá y ver la tele, pero no podía concentrarme en ver la tele si no en seguir pensando un por qué de esto que me acaba de pasar.

He empezado esta experiencia sentada en la silla de mi habitación, estando sola en mi casa para que nadie piense que estoy loca y en silencio. Me costó bastante poder hacerlo la verdad, no era capaz. Antes de decirlo pensaba qué estaba haciendo y me daba la risa solo de imaginármelo. Cuando conseguí estar en completo silencio y ya había “asimilado” lo que iba a hacer, comencé a llamarme con diferentes tonos.

Primero, me llame con un tono normal, como cuando te llama alguien para preguntarte o decirte algo, etc. Con tranquilidad, como cuando es la primera vez que lo hacen. Más tarde comencé a llamarme más impacientemente porque claramente, nadie me contestaba, y yo fingía que realmente estaba llamando a alguien que no era yo. Asi que cada vez el tono con el que me llamaba iba convirtiéndose en algo más brusco. Me llame muchas veces seguidas como cuando un niño pequeño quiere que le prestes atención y repite tu nombre millones de veces hasta que le miras o le haces algún gesto que le indique que le estás prestando atención. Y de repente, me llamé muy muy enfadada, tanto que me recordé a mi madre cuando se enfada y cuando ya no podía más grité: ¿QUÉ? En ese momento me sentí más rara aún, porque fue cuando me di cuenta de lo que había hecho realmente: me había estado llamando a mi misma y había llegado a tal punto de desesperación que me había preguntado a mi misma muy enfadada qué es lo que quería. Eso me hizo sentir lo mismo que cuando es otra persona quien te llama hasta la saciedad, quien va a regañarte, quien te saca de quicio, etc y eso fue lo que más sorprendida me dejó porque nadie me había llamado, nadie quería regañarme, nadie me sacaba de quicio…era yo misma la que me había llamado y sin embargo, el sentimiento y el tono de la repuesta fue el mismo que hubiera sido con otra persona.

Estuve otro rato en silencio intentando encontrar una repuesta a por qué me había pasado eso y por qué sentía lo que sentí en ese momento.

Asi que después de un rato volví a intentarlo, me llame tranquilamente, con tono cariñoso, después con el tono de quien te está pidiendo algo por favor, como si fuera una niña pequeña e incluso intenté “cantar” mi nombre al ritmo de la primera canción que se me vino a la mente en ese momento, ahí si que no pude aguantar más y empecé a reírme. Cuando conseguí parar, volví a repetir los mismos tonos de nuevo, cariñoso, rogando algo…después de unos 10 minutos cuando no se me ocurrieron más tonos, otra vez sentía la necesidad de contestarme. Me sentía muy rara y esta vez la respuesta fue un simple: ¿Qué quieres? Esta vez fue diferente, estaba relajada, tranquila, no enfadada como la vez anterior y me di cuenta de que fue gracias a que los tonos que había usado esta vez fueron diferentes: más tranquilos, más relajados,…y por eso mi reacción fue completamente distinta.

Volví a intentar llamarme con tono enfadado e impaciente y esta vez aguanté más, y la reacción fue diferente. Supe “controlarme” y en lugar de contestar con el mismo tono me contesté igual de calmada y tranquila que la vez anterior. Esto me ha servido para darme cuenta de que a pesar de cómo nos hable la gente no tenemos por qué contestar con el mismo tono, podemos usar uno completamente diferente si nos ponemos a pensar un poquito antes de actuar.

LLAMARSE A UNO MISMO

Cuando Don Fernando nos dijo que teníamos que escribir, sobre algunas experiencias y nos habló acerca de que iban, pensé que eran una tontería sublime, pero al hacerlas he tenido una serie de sensaciones diferentes y que yo jamás pensaba que podía tener.

 Para hacer esta experiencia esperé a estar sola en casa, porque si no pensarían que estoy loca. En principio me senté en el sofá del salón y en ese momento me dispuse a llamarme, “Amanda” dije con una voz de incredibilidad bastante grande pensando lo estúpida que me sentía, nadie responde, me imaginé la cara de tonta que tendría en ese momento, nadie me responde porque estás sola, te estás llamando a ti misma, me dije. Volví a llamarme, ahora con un tono de mas alegría, pero nada, era lo mismo, mis sensaciones eran abstractas y raras, incrédulas ¿cómo puedo estar haciendo esto? Volví a llamarme ahora lo hice con tristeza, pero nada, todo era igual. De pronto pensé ¿ y si me llamo frente al espejo? Me levanté y me dirigí a la entrada allí tenemos un armario de dos puertas con espejos de arriba abajo. Me puse frente al espejo y aunque de primeras me dio risa de verme como una tonta mirándome y esperando no se qué. “Amanda” me llamé, y de pronto una voz respondió ¿qué quieres? Es increíble, me estaba respondiendo a mí misma. Estaba hablando con la persona que hay reflejada en el espejo, era yo. Estaba yo respondiéndome a mí misma,¿ qué haces? Pues llamándome, pero ya que estoy pues conversemos ¿no? Me di consejos sobre mi cutis, te tienes que echar más crema, hoy estas demacrada, y al mirarme y verme mover los labios en el espejo parecía que alguien se estaba dirigiendo a mí y que no estaba sola. “Amanda” ¿tengo cara de llamarme Amanda? Yo creo que sí, no me imagino llamándome Laura, o Cristina, María o Carmen….Me identifico con mi nombre y tengo sensaciones muy diferentes al llamarme Amanda o por otro nombre. Bueno pues es increíble pero estuve dos horas del domingo hablando sola o conmigo misma. Yo, me escuchaba, me entendía, me calmaba, lloré contándome cosas, me consolé, probablemente me dije las palabras que yo quería escuchar. Cuando Don Fernando nos dijo de hacer las experiencias pensé cómo voy a escribir 650 palabras de esta experiencia tan absurda, pero no puedes opinar se algo que hasta que no lo experimentas. Me ha gustado un montón la experiencia, y pienso repetirla más de una vez, también le aconsejaré a mi madre que lo haga, y luego que me diga y me cuente lo que ha sentido. La experiencia me ha gustado, no tanto llamándome por mi nombre simplemente porque nadie te responde, solo el silencio, pero cuando ya he respondido, ha sido  otra cosa totalmente diferente. Cuando llamas a alguien esperas una respuesta, por eso si te llamas a ti mismo y no respondes, la experiencia apenas tiene sentido. A veces nos aislamos, no queremos ver a nadie, ni hablar con nadie, pues bien, esta es una manera de estar físicamente solos pero no sentir la soledad. Esta experiencia es una forma de pasar un rato agradable, con la única compañía de uno mismo, de hacerse esas preguntas que no le harías a nadie por temor a que te juzguen. De animarnos ante cualquier problema, escucharse uno mismo es muy importante, yo, sin ir más lejos estudio en voz alta, porque así al escucharme parece que me lo están contando.

Pienso que todo el mundo debería tener esta experiencia, porque nunca sabes la reacción que vas a tener, ya que según la persona, la edad y su estado de ánimo pueden sacar conclusiones diferentes. Mientras piensas que es una solemne tontería tienes unas sensaciones y cuando te vas metiendo en la experiencia de lleno interactuando, las sensaciones son totalmente diferentes . Al hablar conmigo mismo es una manera de conocerme mejor.  

LLAMARSE A UNO MISMO

Cuando tuve que elegir qué experiencias hacer para la asignatura en primer lugar pensé que todas eran muy raras. En especial esta me resultó mucho más rara y sinceramente, un poco absurda, pero decidí hacerla. Para hacerla esperé a quedarme sola porque si lo hacía con mi familia en casa me iban a empezar a preguntar que qué hacía y tendría que explicárselo todo, además de qué pensarían que estoy loca. Tras quedarme sola en casa, me fui a mí habitación y me tumbé en la cama reflexionando sobre lo que me disponía a hacer. Lo primero que pensé fue ¿en serio te vas a poner a llamarte a ti misma? Me sentí muy tonta pero empecé a hacerlo. La primera vez que lo hice fue muy raro, lo hice sin estar convencida de lo que hacía, es normal ya que nunca he sido yo la que me llame, siempre he escuchado como lo hacen los demás. Tras esta primera rara vez, volví a repetir mi nombre un poco más fuerte, y comencé a creerme lo que realmente estaba haciendo: estaba llamando a alguien. Así, cada vez más convencida, lo hice unas cuantas veces casi sin darme cuenta de lo que realmente hacía. Decía mi nombre como si no me estuviera refiriendo a mí, sino a otra persona de la casa, igual que suelo hacer cuando por ejemplo,  llamo a mis padres. Tras unas cuantas veces, por supuesto sin resultado alguno, dejé de llamarme. No sé muy bien por qué, supongo que porque me sentí demasiado tonta haciendo eso sin que nadie me contestara. Tras eso estuve callada durante un rato, unos momentos en los que estuve con el móvil, intentado pasar de lo que hacía. Pero más tarde pensé que tenía que seguir haciéndolo para ver qué más pasaba, así que seguí. Volví a repetir mi nombre mucho más fuerte y segura de lo que hacía, incluso me levanté y grité saliendo de mi habitación y moviéndome por las habitaciones cercanas a mi dormitorio. En ese momento pensaba que lo que hacía era normal pero tras unas cuantas llamadas sin respuesta volví a sentirme realmente tonta, sin saber que estaba haciendo, por lo que volví a mi cuarto. Por un momento quise dejar de hacerlo y terminar ahí mi experiencia filosófica. Pero no sé cómo ni por qué volví a repetir mi nombre, fue casi un acto automático, como si estuviera realmente convencida de que alguien tendría que contestarme, en este caso lo hice alargando cada vez mucho más las sílabas que componen mi nombre. Incluso me sentí un poco enfadada porque estaba esforzándome realmente en llamarme, pero obviamente nadie contestaba. Así que decidí que ya no me iba a llamar más, ahí acabó mi experiencia filosófica. Tras haberla hecho pensé que hacer eso no me había aportado nada filosóficamente hablando, aunque más tarde lo reflexioné y pensé en eso que a veces dicen de que las personas que se hablan a sí mismos no están locos, de hecho son genios. He buscado en internet datos acerca de esto y he encontrado que se realizó un experimento donde le pedían a 20 personas que buscaran en un supermercado una rebanada de pan o una manzana. Quienes recordaban la palabra en voz alta, encontraban con mayor rapidez el objeto. Ellos dicen que esto se debe a que decir las cosas en voz alta ayuda a que la memoria trabaje más rápido y hace las cosas más tangibles. Por ello, opino que lo que hemos hecho en esta experiencia lo podríamos trasladar a nuestra vida, tal y como la gente que participó en el experimento, quizás esto podría beneficiarnos. 

 

Yo cuando el profesor dijo esta experiencia de llamarse a uno mismo yo pensé que dice el profe yo no hago esto que me toman por loca o que no estoy bien de la cabeza por que llamarse a uno mismo, y saber que no te van a contestar. Mi experiencia fue que estaba en mi casa sola sentada en el sofá y de repente me puse a llamarme Ana y nadie contestaba lo dije riéndome, después me llame otra vez Ana y lo dije sin reírme después otra vez seria luego me levante y me puse a llamarme por la casa por si por algún lado me contestaba alguien hasta que cogí y me puse delante del espejo y me llame Ana varias veces y nadie me contesta y mi reflejo en el espejo me miraba y me di cuenta de muchas cosas de cómo hablaba de lo que hacia de cómo lo hacia y volví a decir Ana y me conteste dime después de 20 minutos y fui contestándome cada vez que hablaba y me hacia preguntas y las contestaba y sinceramente yo pensaba que esta experiencia no me iba a servir para nada que era una tontería y esta experiencia me ha ayudado mucho por que sirve para pensar cosas de ti subir la autoestima , mirarte en el espejo te ayuda verte como eres pensar de ti hablar contigo misma aunque seas tu pero tu eres una persona y la reflejada en el espejo eres tu también y dije en verdad parezco tonta enfrente del espejo haciendo esto. Cuando ya me tire un rato en el espejo llamándome y hablando conmigo misma pensé en lo que dijo el profe. Yo creo que  ha dicho esta experiencia para que nos ayudemos con nosotros mismo  para que pensemos que en la vida no vamos a estar solos que siempre estará nuestro reflejo en el espejo que es el que nos ayudara en todo momento en los malos y en los buenos momentos donde puedes reír llorar y verte en el espejo y ver lo que sientes cuando estas frente de el, yo nunca pensé que yo haría esto , de llamarme y terminar en el espejo hablando conmigo misma. Esta experiencia ayuda mucho para estudiar para pensar y solucionar contigo mismo cosas yo muchas veces cuando hablo miro al espejo sobre todo si estoy en el salón que lo tengo enfrente miro y hablo y cuando estoy tumbada en la cama  hablo conmigo misma y pienso  en que voy hacer mañana que he hecho hoy bien o mal que tengo que mejorar o que pienso de mi o de alguien y pienso en muchas cosas. Esta muy bien esta experiencia me ha hecho cambiar muchas cosas, cuando me visto me miro al espejo, cuando me peino, cuando me pinto me miro para ver que opino de mi misma si voy bien vestida o mal vestida si me tengo que cambiar si me queda bien , cuando termino me miro en el espejo por ultima vez antes de salir y opino en general de mi y me voy a la calle. Esta experiencia me ha gustado por que he aprendido cosas de mi y cosas que pienso de mi y como soy yo realmente lo he hago cuando hablo  como me expreso y miro mis caras que muchas veces me rio por verme en el espejo como tonta pero me ayuda yo recomiendo a todo el mundo da igual la edad que tengan que la hagan por que ayuda mucho y te sube la autoestima y te ayuda a reflexionar de la vida y de ti mismo.

Hoy por la mañana estaba aburrido y me digo a mí mismo ¿Porqué no hacer una experiencia? He pensando en hacer la de llamarse a uno mismo, me he levantado y me he planteado como hacer la experiencia. Lo primero me he metido en el baño mientras cagaba para empezar llamándome a mí mismo de vez en cuando hasta que ha llegado mi madre y me ha dicho ¿Qué haces ahí dentro? y le he respondido :Reflexionar sobre la vida, a lo que me ha respondido: Tu estas tonto. Al salir del baño me he metido en mi cuarto y he comenzado la experiencia pero ya bien. He estado cerca de 3 minutos llamándome a mí mismo. Hola Alberto, que haces Alberto, como estas Alberto , que es de tu vida Alberto... He empezado a llamarme y me he dicho a mi mismo ¿Qué haces con tu vida? Si sabes que nadie te va a responder y sigues hablándote como si hablaras con una pared. He descansado 10 minutos porque estaba cansado de llamarme a mí mismo y luego he seguido llamándome cada vez mas fuerte por si algún Alberto que estuviera cerca me respondiera algo, pero que va. Cuando he empezado a pegar voces ya gritando a llegado mi madre muy alterada y me ha dicho ¿Que cojones haces? Que quiero dormir!!!! Le he respondido que estaba haciendo un experimento que me ha propuesto el profesor de filosofía sobre llamarse así mismo por si llega un momento en el que alguien te responde  o tu dentro de ti empiezas a decirte que quieres o entiendes el nombre de Alberto en su totalidad con todos sus antepasados, pero no entiendo nada. Mi madre a empezado a reírse y me ha dicho que estamos los dos locos, mi profesor y yo. A lo que le he respondido que la locura no existe en su totalidad y que nadie es capaz de conocer la locura absoluta, a lo que se ha quedado de cuadros. Tras esto, descanse toda la tarde durmiendo, jugando con mis amigos a fútbol y me pasé toda la noche de fiesta. Tras terminar de la fiesta, cogí un bus para mi casa el cual no sabía si cogerlo o no por las consecuencias que puede traer, y llegué a  mi casa. Eran las 7 de la mañana, me quité la ropa, me puse el pijama y me metí en la cama. De esto que esto que estas con el móvil en la cama apunto de acostarte y te entra un pronto y dices, voy a volver a llamarme a mí mismo por si el cansancio tiene algo que ver con llamarse a uno mismo. Estuve 1 minuto llamándome a mí mismo despacito porque mis padres estaban durmiendo y no sé si sería por el cansancio o por estar toda la noche al lado de un altavoz con mucho volumen que cada vez que me llamaba a mí mismo había una voz dentro de mí que respondía ? ¿Qué ¿Que quieres?  En ese momento en la cama me rayé de una tal forma preguntándome ¿Porqué esta voz no me ha respondido esta mañana y ahora si? ¿Será porque ahora estoy más concentrado? ¿Será por el cansancio emocional? Al plantearme esas preguntas me rayé la mente de una forma tal que me acosté. A la mañana siguiente hice al levantarme el mismo experimento concentrándome al máximo durante 1 minuto y esta vez no me respondía nadie dentro de mí. Lo único que pensé en ese momento es que era un sin vida llamándome a mí mismo sabiendo que no me voy a responder nunca.

Llamarse a uno mismo, es curioso y a la vez siniestro. Y digo siniestro no porque parezca que estoy loco perdido, sino porque ha habido momentos en los que me ha dado miedo a que alguien o algo me responda. Es que gritaba y era como si mi cuerpo esperara una respuesta y esa sensación despertaba en mí un miedo espectral. Al final he acabado sacando al perro con la escusa de salir de mi casa porque me estaba atemorizando mucho. Había oído en un momento dado conversar a la vecina de arriba con su hija y me había dado un susto; de esos sustos que se te pone todo el bello de punta y el alma por unos segundos se va de tu cuerpo y vuelve de nuevo. 

Durante el desarrollo de esta experiencia he notado también cierta soledad. Es como si a cada una de mis llamadas, que lógicamente a ninguna se le han contestado, estubieran vacías. Como si fueran reflejo de lo solo que estaba en esa situación, lo que me ha llevado a pensar en todos esos momentos en los que no hay nadie conmigo, en mi lucha, en el día a día. No digo que tenga que tener a un grupo de hinchas míos, de seguidores que me dan gritos de ánimo cada vez que vaya a hacer algo. Pero me hizo ver con claridad que en ocasiones como cuando voy a entrenar, estudio, saco motivación de donde no la tengo,… estoy solo. Soy, o somos, un jinete dentro de un camino costoso y fraudulento, a lomos de la soledad, alzando la vista a un horizonte de triunfo donde te aclama la gente que no estubo contigo, pero que siempre te a esperado. Y digo esperado porque toda esa gente es aquella que te felicita, te invita a celebrar con ella tu triunfo incluso. Por lo tanto, en el día a día, como en esta situación en la que me encontré  realizando esta experiencia, estamos solos, y es que vivimos solos, porque pensamos y actuamos solos, simplemente con el hecho de ver a gente a nuestro alrededor que interactúa como nosotros. 

A pesar de todo tambiénn me sentí muy ridicularizado porque estaba lanzando gritos a la nada. Pero cada vez que paraba de llamarme a mi mismo porque me sentía ridículo pensaba en qué o en cuál era el motivo por el que mi profesor quería que hiciéramos este ejercicio. Yo he analizado cosas como la que describo en el párrafo anterior, pero ciertamente qué será lo que de verdad nos debe transmitir esta experiencia, cuál es la finalidad de esto. ¿Será pensar en lo que describo en el ejercicio anterior? De todas formas intentaba analizar esta cuestión y volvía a gritar mi nombre, pero al final no acababa de comprender del todo para qué lo hago. 

Y también recordé y analicé una cosa y era que estaba despierto. Sí, despierto. ¿Muchas veces no hemos tenido una pesadilla en la que alguien o algo nos atrapa y gritamos y gritamos pero no nos sale la voz? En esos momentos podía ser testigo de mí mismo de que estaba despierto, de que existo y de que todo era real. Quizás esto fuera la finalidad del ejercicio pero aún así no me quedó muy claro. 

Por lo tanto miedo, soledad, ridículo y razón de existencia. Son los factores que engloban el resultado de mi experiencia de llamarme a mí mismo. Espero haber hecho un buen análisis de este ejercicio y de no haberlo hecho en vano, porque espero que haya servido para algo el que me oyera lo más probable la vecina de arriba llamándome a mí mismo.

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