FILOSOFIESTA

HACIA LA FILOSOFÍA DESDE LA DIVERSIÓN Y HACIA LA DIVERSIÓN DESDE LA FILOSOFÍA

Es fácil, o al menos lo parece. Imagina que mondas una manzana. No, antes tienes que imaginar qué manzana, qué textura, qué color, qué sabor. Ahora comienza. No, antes tienes que pensar en el cuchillo, cómo es el mango, cómo el filo, color, etc... Ahora sí puedes. ¿O no? ¿por donde empiezas? ¿con qué mano? ¿qué forma adquiere la piel cortada? ¿te has dejado alguna parte sin mondar? ........y más y mñas y más. ¿es posible mondar una manzana con la imaginación?

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Respuestas a esta discusión

Imagino una manzana verde en un plato y un cuchillo en mi mano. Cojo la manzana con mi mano izquierda y el cuchillo con la derecha, bueno en realidad vuelvo a dejar la manzana en el plato y con la mano derecha, doy vueltas al rabillo hasta quitarlo. Ahora si cojo el cuchillo y empezando desde la parte superior realizo un corte en la superficie de la manzana hacia abajo, intentando no llevarme demasiada carne de manzana. El primer corte es demasiado pequeño y no consigo arrancar demasiada piel. Vuelvo a realizar otro corte siguiendo la dirección del primero y termino con ese trozo de piel. Sigo pelando la manzana hacia la derecha este corte me sale más limpio y consigo quitarlo todo a la primera giro la manzana un poco y voy realizando repetido cortes en la superficie de la manzana ya casi tengo la mitad de la manzana pelada. Vuelvo a girar la manzana y voy pelando a tiras unas más grandes s, otras más pequeñas, más irregulares o menos todas van cayendo en la superficie del plato después de un tiempo por fin he terminado de pelar la manzana. A mí me gustan más cortadas y son más fáciles de come, así que corto primeramente al manzana en dos y luego a su vez cada mitad en otras dos partes, también le quito el corazón y ya puedo empezar a comérmela. Como he tardado tantos algunos partes de la manzana, las primeras que peleé y se quedaron expuestas al aire se han ido oxidando. Pero de todas maneras está muy jugosa y sabe muy bien    . Nunca he conseguido pelar una manzana y que la cáscara saliera toda junta y con  forma de espiral por eso he decidido pelarla como yo suelo hacerlo que es pelarla a tiras, no es muy elegante pero en fin…

Esta experiencia me ha resultado divertida porque pensar en una cosa tan simple como pelar una manzana no es muy usual. Personalmente realizar esta experiencia me ha servido para no adelantarme al acontecimiento  e ir siguiendo unas pautas. Aunque a mí siempre me ha gustado comerme la manzana a bocados.

 

En principio mondar una manzana con la imaginación no supone mucho trabajo, pero cuando te paras y empiezas a verlo detalladamente, te das cuenta que son demasiados los detalles a tener en cuenta.

Además de como es la manzana, el cuchillo, con que mano empiezas, etc también tienes que tener en cuenta como es el sitio en el que estas pelando la manzana detalladamente. Si es exterior, interior, hace frío, calor, esta oscuro, hay mucha luz...

Por ello yo creo que si podríamos llegar a mondar una manzana con la imaginación, pero no sería una tarea simple. Ella implica tener en cuenta muchos pequeños detalles.

MONDAR UNA MANZANA CON LA IMAGINACIÓN: 

 

Tengo una sensación parecida al hambre y estoy convencido de que en el frutero que hay en la cocina junto a la ventana encontraré algo de fruta. Me dirijo a la cocina pensando en la actividad que a continuación voy a desarrollar. El solo hecho de encontrar esa pieza de fruta tan preciada que flota en mi imaginación me hace sentir cada vez más emocionado. Un momento de duda me asalta cuando pienso que quizás después del almuerzo alguien de la familia hubiera podido dar cuenta de esa manzana roja que llevaba mi nombre escrito, invisible claro. Por fin estoy en la cocina, hoy me parece más grande que nunca, el frutero parece estar más alejado de la ventana de lo que yo creía. No pienso desistir he tomado una decisión y la ejecutare.  Voy a coger esa manzana grande y roja que brilla. Creo que debe ser jugosa y dulce, de piel fina y suave así que solo necesitaré el cuchillo con mango de madera para la fruta. No está demasiado afilado pero no importa, pues la manzana es tierna y jugosa. La tomo con mi mano izquierda y en la derecha tengo el cuchillo que ejecutará la delicada acción del sacrificio de la manzana. Comienzo a clavar la hoja del cuchillo en la piel de la fruta y siento en mi mano como el jugo que desprende la pulpa de la manzana humedece mis dedos. Sigo  con el proceso de pelado, habiendo comenzado por la parte superior y girando el cuchillo en círculos rodeando poco a poco todo el cuerpo de la manzana. Este acto es necesario desarrollarlo con cuidado y paciencia, pues un fallo podría dañar la preciada carne de la fruta que estoy deseando degustar.  El cuchillo se desliza con suavidad desprendiendo la piel roja del cuerpo de la manzana blanco y perfumado. El olor de la fruta llega hasta mi nariz, me embriaga y hace que mis glándulas salivales segreguen cada vez más  saliva en mi boca. El recorrido del cuchillo está a punto de finalizar, me esmero con suavidad  en la base de la manzana pues esa zona es más pequeña y complicada por su terminación. Finalmente he concluido el proceso de pelado de la manzana ahora viene el placentero sacrificio de la misma cortando un generoso trozo y degustándolo con deleite.

Una manzana verde, brillante, preciosa, sobre un fondo blanco, inmaculado. La luz incide sobre ella y tiene un brillo en la parte superior. Cojo el cuchillo, gris la hoja, de madera el mango. Me he pegado un pellizco con un tornillo dorado algo gastado que estaba suelto. Y comienzo con la mano derecha, agarrando la manzana con la izquierda. Suena al cortarla, cruje, gotea levemente el dulzor por la piel aún sin pelar. Poco a poco la deshago de su verdor y se convierte en una carne algo verdosa, más amarilla. Y cuje bajo la presión de mis dientes, me inunda el paladar de frescor. Y luego se esfuma, ya no está, pero el gusto queda en la boca como un sabor que casi creí saborear.

Este dilema filosófico viene a responder a una cuestión que ha perdurado durante todas las épocas: Dicotomías miméticas. Me explico. Este problema no es un problema de la capacidad narrativo-descriptiva que tengamos, sino de la capacidad del lector por completar todos los rincones a los que el lenguaje, no alcanza. La mimética aristotélica nos puede llevar por inercia a completar todo aquello que absolutamente todos los usuarios que tengo arriba, no han tenido en cuenta. Extrapolemos el problema mimético a mondar la manzana.

Vamos a reducir al máximo la acción de pelar la manzana, y así voy a extraer de una sola frase unas cuantas afirmaciones que habéis dado por sabidas. Siendo yo A, esto es lo que pasará:

A monda una manzana.

Está claro que esta frase es demasiado escueta, vamos a intentar alargarla un poco más.

A monda una manzana con un cuchillo.

Y por último, vamos a darle el cuerpo completo a la sentencia, pues hay algunos que incluso han llegado hasta allí:

A, estando un lugar(1), monda una manzana(M) con un cuchillo(C).

Llegados a esta frase, lo único que se ha hecho de aquí para arriba ha sido una exhaustiva descripción de: lugar(1), manzana(M) y algunos cuchillo(C). Pero se han obviado muchas cosas, entre ellas, una de las más importantes: A. Por tanto, teniendo en cuenta la anterior frase, habéis dado por sentado que:

  1. La historia transcurre en la Tierra y por tanto estáis sometidos a las leyes físicas como la gravitación.
  2. Que A, que eres tú, eres humano y que por ende, tienes dos manos, piernas, etc. También hemos tenido en cuenta que A no está muerto.
  3. Que la manzana(M) responde a parámetros del mundo real, que no va a ser azul, o que no va a estar hueco
  4. Que A tiene la capacidad, la fuerza y el conocimiento de pelar una manzana sin equivocarse.
  5. Que el lugar(1), no está en guerra, no está en llamas, e incluso habéis supuesto la localización de A.
  6. El estado de A, tanto si estaba sobrio o ebrio, sentado o de pie, y si estaba sentado en qué postura(P).
  7. Que el cuchillo(C) va a cortar.

Por supuesto, como se puede suponer hay un sin fin de cuestiones que se obvian, ya que por poner un ejemplo, en caso de tener en cuenta la postura(P), deberíamos tener en cuenta también cada una de las posiciones(P') que tendrían cada uno de los músculos, huesos, articulaciones y nivel del flujo de sangre, pues sino, la respuesta a la hora de describir cómo se monda la manzana, sería incorrecta, al dejarnos parámetros desconocidos.

Pero si vamos un paso más allá, estamos olvidando aún un causa-efecto, que es a su vez un parámetro que podríamos obviar. Así, dejamos atrás y nos imaginamos que:

  1. A pela la manzana para su propio consumo.
  2. A monda la manzana porque lo cree necesario.
  3. Podemos llegar a pensar que A tiene hambre.

Pero sin embargo, en 1.) podría estar haciéndolo para su madre, y ahí supondríamos que su madre está en la Tierra y que se rige de las peculiaridades de su hijo. También suponemos que la madre está viva, y que estará dispuesta a tomar la manzana de manos de su hijo. No sabemos si su hijo lo hace con enfado obligado o por gusto, y eso intervendría en la forma de pelar la manzana.

Suponemos que A tiene hambre, o lo hace para su madre, o que es un obeso mórbido, pero tal vez luego tire la manzana o le dibuje una cara a fin de crear un juguete. Con esto quiero decir, que aparte de tener en cuenta las narraciones del presente, también deberíamos tener en cuenta, las futuras y las pasadas.

Por último, habría un punto en el que nuestra descripción (infinitamente extensa), no alcanzara más, o bien por nuestro desconocimiento del universo al intentar explicar las teorías de cuerdas, o el Absoluto filosófico, el determinismo que sufre esa persona al mondar la manzana y otras vicisitudes o bien porque nos cansáramos de estar tan solo explicando todo el universo.

En definitiva, es imposible mondar una manzana con la imaginación.

¿Es posible mondar una manzana con la imaginación? Analicemos:

Para mondar una manzana hay que pensar en cómo va a ser. Pongamos una manzana grande y ``hermosota´´. Es roja, con unas pequeñas pintitas, que parecen como poros. Para mondarla, hay que cogerla. Cojámosla con la mano izquierda, porque mi derecha es mi mano de pelar manzanas (No, en realidad no. Solo es que soy diestro) para pelarla hay que coger un cuchillo. En un principio pensé en un pela patatas, pero no se usarlo, así que cojamos una navaja pequeña. La hoja, afilada por ambos extremos, y un poquito roma, tiene un mango algo más chico que mi palma, así que pongo un  dedo en la hoja para que no se me vaya al cortar. Cogemos la manzana y le acercamos la navajita, y hacemos el primer corte, no sin dificultad. He pensado en cortar hacia adentro, pero mi imaginación me hace que de mal el corte, y además de llevarme un gajo de manzana, me haga un corte en la mano. Así que cortemos hacia afuera. Es bastante complicado, por el hecho de que a cada corte me estoy llevando un pequeño cachito de la manzana que se ha perdido. Como sigua así me voy a quedar solo con las semillas. Bueno, que se le va a hac… mi imaginación me asalta con el recuerdo de la casa de mi abuela. Ella, pelando patatas, y manzanas. Es bastante asombroso como se le da, a diferencia de a mí, que casi me he llevado un dedo por delante. Pero no puedo pedirle a ella que me monde la manzana, básicamente porque si no tendría poca gracia la experiencia. Sigamos pelando la dichosa manzanita. Mi mente no me recuerda por donde iba, así que tendré que volver a empezar. A ver… manzana roja, navajita negra. Pelamos de dentro a fuera, para no cortarnos. Aparte de llevarnos un cachito de manzana cada vez que cortamos, nos damos cuenta de que por mucho que cortemos siempre queda el trocito de piel pequeño y largo, que cuando lo cortamos nos llevamos media manzana.

No paro de cortar y no hay manera de terminar de quitar la piel. Así que hagamos trampa. Pensemos en una manzana ya pelada (lo siento, pero es que sino no avanzo). Pasemos a cortarla y ponerla en un plato. Primero de todo sacamos el plato. Pongámoslo largo, de vidrio verde, translúcido. Ahora cojamos la manzana y cortémosla de una vez. Hacemos la primera hendidura, procurando no acercarnos al centro de la manzana, porque tiene un sabor raro y que no me gusta para nada. Solo con el hecho de recordar el centro mi imaginación hace que corte el primer gajo con medio centro. Estúpida imaginación. Al gajo le cortamos el centro sobrante, y hacemos lo mismo en otras varias ocasiones, hasta que quedan los gajos, y el núcleo (con el mordisco que le metí con el cuchillo en el primer corte). El núcleo a la papelera, y ahora comámonos la dichosa manzana. Ahora que lo pienso… ¿no venden en Ikea cortadores de manzanas de esos? Maldita imaginación.

A la hora de comernos la manzana, como grandes controladores de navajas que somos, cogemos el primer gajo con la navajita de antes. Mi graciosa imaginación hace que me corte el labio. Así que retrocedamos. Cógelas con la mano muchacho. Ya que lo dices, cógelos con la izquierda, o con la derecha, pero cógelos ya. Ya te has comido la manzana, y has tardado más tiempo en pensarla que en comerla. Hay que ver las cosas de la imaginación.

Por cierto, tengo hambre.

 

La verdad, es que no se porqué he decidido escoger esta experiencia, porque sí, parece una tontería, pero te pones a pensar y la verdad es que es una sensación, unos movimientos.. que cuesta lo suyo imaginarlo bien, y encima describirlo, tiene su dificultad. Me decidía en coger esta experiencia, y claro viene el paso más fácil: vamos, imagínate una manzana. Primero me imaginé la manzana de todos los colores posibles, pero en mi caso, la imaginé de color verde, un verde intenso, el de las manzanas que están más agrias, porque son las que me gustan más. Por lo que es costumbre que me las imagine de color verde. Una vez que ya tenía la manzana en mente, me puse a imaginar el cuchillo, el típico que tengo en mi casa. Ya me dispongo a mondar la manzana, a ésta la cojo con la mano izquierda, y el cuchillo en la derecha, por el motivo de que soy diestra. Me es bastante complicado imaginarme que estoy mondando una manzana, porque yo nunca les retiro la piel, dicen que es bueno dejársela, además de que a mí me gusta más porque está dura y crujiente, a parte de que me gusta comerme las manzanas a bocados o troceada. Empiezo, por la parte de arriba de la manzana, dónde está el rabillo, y deslizo el cuchillo de forma muy suave, para no llevarme media manzana al pelarla. Esta primera vez que me lo imagino, fue muy mal, un desastre. Pelé la manzana en dos pasadas, no consigo tener en cuenta el tamaño de la manzana...
Lo volví a repetir, unas dos veces más, y ya sí, poquito a poquito, la manzana, se iba quedando “desnuda” sin su cáscara que la proteja, cayendo ésta encima del plato. La verdad, es que desde la imaginación, es mucho más sencillo y cómodo pelar una manzana, y no se tarda tanto, al no tener consciente cómo es el tamaño de la manzana, ya que en la realidad, por lo menos a mí me da muchísima pereza pelarlas, a parte de eso que me gustan con cáscara.
Una vez pelada, me disponía a trocearla, para poder comerla bien. El primer corte, lo mi por la parte de arriba, para dividirla en dos mitades, más o menos iguales. A cada mitad, les hacía una incisión en el centro, para extraerle los huesos, del corazón de la manzana, igual que a la mitad de la manzana que le había tocado el rabo, se lo quité. Cada mitad, la volvía a dividir por la mitad, quedándome cuatro trocos, todavía me parecían demasiado grandes, así que cada mitad de la mitad de la manzana, volvía a dividirla de nuevo,y así un par de veces más, para conseguir el tamaño más adecuado.
Esta experiencia, no pensaba, cuando decidí en hacerla, que al final me hubiera resultado divertida. Te enseña a poder dejar la mente en blanco y ser capaz de imaginar cualquier cosa u objeto y poder realizar con ellos diferentes acciones. Al final, una vez que terminas, recapacitas y la verdad es que tiene su dificultad. Aunque parezca una tontería, que no cuesta nada, pero no, hay que dedicarle su rato de tiempo y esforzarte en lo que de verdad quieres llegar a hacer con la imaginación.

Mondar una manzana con la imaginación.

Estoy en la mesa del comedor con una manzana y un cuchillo delante. Cojo la manzana, la toco, está suave, es de un color rojizo que no llega al rojo puro y tiene unos cuantos golpes. a continuación cojo el cuchillo, que tiene el mango negro con puntitos, el filo está extremadamente afilado y es muy fino. empiezo a mondar la manzana por arriba, el cuchillo se desliza suavemente hacia la izquierda y noto que el interior de la manzana está un poco áspero, pero sigo deslizándolo hacia la izquierda. de pronto de me parte el trozo de piel que llevo pelado y tengo que hincar el cuchillo de nuevo. Llego a una parte de la manzana donde hay un pequeño golpe, el cual está un poco oscuro, corto el trozo de piel que hasta ahora he pelado y lo tiro a la bolsa que tengo debajo para que caigan las cáscaras. Con cuidado de no quitarle más de lo debido a la manzana le quito el pequeño trozo marrón y lo tiro a la bolsa. Ya estoy a la mitad de la manzana, pero de pronto veo un pequeño agujero en ella, se me pasa por la cabeza que puede ser un gusano que habita dentro, pero lo descarto rápidamente, sigo pelando y, cuando llego al culo de la manzana dejo de pelar. Como tengo hambre, empiezo a comerme la manzana cortando unos cuantos gajos para comérmelos. Pero cuando arranco un gajo me encuentro con que está todo oscuro en el interior de la manzana y relaciono el agujero que vi antes con el gusano, a la vez que veo algo moverse en el interior. Suelto la manzana rápidamente y la dejo en la bolsa de las cáscaras. Me acerco y veo como sale un enorme gusano del interior de la manzana y creo que me está mirando. Es muy rechoncho y marrón. Asqueroso, se que es un ser vivo y hay que respetarlo pero nose, me repugna, no me gustan ese tipo de bichos. Me entran arcadas de ver a ese "ser" ahí moviéndose y cojo la bolsa y la tiro a la basura. Creo que esa manzana era una farsante, era muy bonita por fuera pero fea, oscura y asquerosa por dentro.

De entre todas las experiencias propuestas ésta es la última que yo habría elegido, pero no sé por qué hoy me ha llamado la atención y la voy a hacer.

En primer lugar le he dicho a mis padres y a mi hermana que no entren en mi habitación porque tengo que hacer un trabajo de Filosofía y no me pueden molestar. Mi hermana me ha sorprendido al decirme:

¡Claro! Ella ya fue alumna suya y sabe de qué va esto.

En fin, voy a concentrarme. Todos están avisados, hay un silencio total pero no sé qué pasa. Parece que con los ojos abiertos no puedo hacerlo. Pues bien… lo intentaré con los ojos cerrados. A ver, estoy en mi habitación y de pronto me apetece comerme una manzana. Me levanto de la silla, abro la puerta y salgo al pasillo. Cruzo el comedor y me dirijo hacia la cocina. Entro en ella, enciendo la luz y voy hacia el frigorífico. Lo abro y veo varias manzanas rojas muy brillantes y entre ellas dos amarillas. Me decanto por la amarilla con algunos puntitos marrones.

Abro el mueble de los platos y cojo uno, luego voy al cajón de los cubiertos y hay varios tipos de cuchillos. Hay muchos pequeños, grandes, los de sierra, los de untar mantequilla,… Finalmente me quedo con uno de cuchilla fina y mango de madera. Pues bien, ya lo tengo todo: plato, manzana y cuchillo, pero me falta coger una servilleta de papel blanca por si mancho algo.

Sujeto la manzana con la mano izquierda y comienzo a pelarla con la derecha. La sensación de rasgar la cáscara me ha llegado al alma. Voy cortando poco a poco y el sonido del ‘’crasch, crasch’’ se hace rítmico. La cáscara cae con la forma de una espiral pero ¡ay! Se me ha roto. Otra vez tengo que coger el cuchillo para seguir pelándola. La manzana va soltando un poco de caldillo, poco, pero es bastante para tener que utilizar la servilleta. Sigo mondando la manzana y ya casi está. El rabillo no se lo voy a dejar.

Ahora la voy a cortar en trozos medianos. Van saliendo bastantes y de pronto me topo con algo duro, es el corazón de la manzana. De un marrón oscuro ahí están las semillas, así que ahí tengo que parar. Una vez pelada la manzana no queda otra que comérsela, pues pronto empezará a ponerse marrón.

Una de las conclusiones que he sacado es que es mucho más fácil pelar una manzana con la imaginación que con las manos. Mientras lo estaba haciendo me sentía muy relajada y tranquila. He estado pensando que lo que un principio te llama la atención es lo que te entra por los sentidos. Yo he elegido la amarilla por su color, su tacto suave al tocarla, su brillo,…

Pero cuando está pelada todo eso ya no está, solo queda su interior, lo que nos comemos, lo que nos alimenta. Esto me hace pensar en nosotros mismos, lo físico y lo psíquico van unidos, pero lo que realmente vale es nuestro interior. La manzana sin piel no llamaría nuestra atención pero al probarla vemos que lo que  nos va a alimentar es su interior. También hay una semilla en su interior, de la cual germinará otra manzana que quizás alguien algún día mondará con su imaginación.

Voy a intentar realizar esta experiencia filosófica,  aunque parece simple en realidad es bastante complicada porque en primer lugar debes estar concentrado y no pensar en nada, o sea dejar tu mente en blanco y eso es bastante difícil porque es cuándo más ideas te vienen a mi mente.

Bueno, al final después de varios intentos lo conseguí. Me fui a la cocina, mire en el  frutero y vi que había tanto manzanas rojas como verdes y entonces me decidí por la  de color rojo, tenía una  piel  lisa y muy brillante, me recordó a la famosa manzana de  Blancanieves, quizá fue su aspecto el que hizo que tomara esa decisión aunque he de decir que también pensé que podría tener mejor  sabor.

Una vez escogida la manzana, necesitaba el cuchillo perfecto para poder cortar la piel lo más fina posible, entonces recordé que mi madre guardaba un cuchillo, que compró hace algún tiempo y que constantemente nos recordaba que tuviésemos cuidado con él porque podríamos cortarnos y que era preferible  sobre todo mi hermana menor que no lo usara pero al final pensé que era el adecuado para realizar esta experiencia .

Por lo tanto  abrí el cajón de los cubiertos y escogí el  cuchillo tenía el mango de madera oscura, adornado por unos puntos dorados, su  punta era  fina y afilada.

Enseguida me dispuse a lavar la manzana,  pues es una de las costumbres que tengo  pero rápidamente  pensé -¿Qué estoy haciendo, si la voy a pelar para que lavo ?,  claro esto me ocurrió porque yo siempre me como las manzanas a mordiscos y para ello siempre las lavo. Bueno cogí la manzana en la mano izquierda y el cuchillo en la derecha, ya que para mí es más fácil cortar con la derecha y con mucha decisión me dispuse a realizar la tarea.

Entonces hundí un poco el cuchillo y comencé a pelarla pero enseguida me di cuenta que  no estaba lo suficientemente afilado, ya que hacía algún tiempo que no sé utilizaba. Entonces pare un momento y  cogí  el afilador que está  en unos de los estantes de la cocina, le di varias pasadas  y pude comprobar que  estaba perfecto para volver a intentarlo y conseguir el mejor resultado.

Tome de nuevo la manzana y el cuchillo y continué pelándola Uf! Que diferencia ahora las cascaras caían muy rápido, en forma de cascada sobre la mesa,  me despiste un segundo y por poco me corto uno de los dedos con los que sujetaba la manzana y pensé que tenía que tener más cuidado y concentrarme más  en lo que estaba  haciendo.

Por fin conseguí pelar la manzana,  todo salió perfecto y me dio una gran alegría al ver que no tenía ninguna picadura y su carne estaba blanca y  muy sana por lo que me decidí a cortarla en trozos y pensé ¿Dónde los coloco?  Decidí ponerlos  en un plato llano de color blanco y  de tamaño mediano.

Corté los trozos  bastante grandes desde la parte de arriba de la manzana hasta su final,  en forma diagonal y hasta llegar al hueso, me quede mirándolo y  pensé que era  curioso observar como de una cosa tan pequeña,  como es el hueso puede nacer un montón de manzanas y entonces vino a mi mente ese dicho `popular  “la naturaleza  es sabia”  y me dije, cuánta razón tiene.

La manzana había desaparecido y en su lugar solo quedaba el hueso y unos trozos sobre un plato, entonces  cogí uno de los trozos  para ver si estaba tan bueno como aparentaba y me lo lleve  a  la boca,  tuve una buena sensación ya que su sabor era dulce y un poquito agrio el necesario para  conseguir un sabor exquisito. Otra cualidad que a mí personalmente me gusta en las manzanas es  que deben  estar duras  y muy crujientes, esta fruta  en concreto cumplía todos los requisitos por lo tanto cuando la probé  me encantó.

Al final lo conseguí  y  aunque al principio creí que era difícil y que no podría hacerlo, me  dí cuenta que con la imaginación se podía  hacer cualquier cosa y aprendí a  confiar un poquito más en mí y sobre todo a darme cuenta que tengo imaginación y que está ahí para hacer todo lo que me proponga.

Para realizar esta experiencia, me he sentado en la mesa de la cocina en frente de una manzana, la he tocado y me he hecho con su forma. Después de saber exactamente como es  y tenerla en la cabeza, la he apartado de mi vista y he dejado la mesa libre, fijándome en un punto fijo para concentrarme y empezar a imaginar.

He empezado imaginando que me dirijo hacia el cajón de mi cocina donde se encuentran todos los cubiertos, lo abro, imaginándome hasta el sonido que caracteriza ese cajón, elijo un cuchillo, lo cojo y cierro el cajón, volviendo a sonar el mismo sonido en mi imaginación. Después, con el cuchillo en la mano, me dirijo hacia la mesa, cojo una silla y la aparto para poder sentarme, imaginando el sonido al arrastrarla, me siento, me arrimo a la mesa y ahí esta mi preciosa manzana, es de las qué me gusta, Granny Smith, de color verde chillón y tan brillante como si la hubieran barnizado, todo esto desde el principio sentada en todo momento mirando a un punto fijo.

Cojo la manzana con la mano izquierda y sostengo el cuchillo con la mano derecha y comienzo a pelarla desde la parte superior hacia la izquierda.

De repente me vienen otras cosas a la imaginación y interrumpen lo que estaba haciendo, pero no puedo volver por dónde iba antes pelándola porque no sé por que razón, la imaginación no me deja, por lo que vuelvo a empezar desde que tengo la manzana en la mano y empiezo a pelarla de nuevo.

Cuando voy casi por la mitad de la manzana, en la vida real ha entrado mi hermana en la cocina y me ha vuelto a distraer, quitándome todos los pensamientos sobre la manzana, por lo que me ha tocado volver a empezar  otra vez…

De nuevo mi imaginación no me deja seguir por donde iba antes, por lo que empiezo de nuevo, ya esta vez sin interrupciones.

Empiezo, voy pelándola poco a poco hasta que por fin consigo acabar, todavía sentado en la silla, me imagino que empiezo ahora a partirla en trozos, primero por la mitad, y esa mitad en otras dos mitades, quitándole la parte del corazón y las semillas, el rabillo y las partes que no me gustan.

Me imagino que me levanto de la silla, dejando la manzana cortada en trozos y pelada sobre la mesa, y cojo la mondadura y me levanto, me dirijo a la papelera y la tiro, entonces vuelvo a la mesa, aparto la silla, vuelve a sonar ese sonido característico, me siento, y me acerco a la mesa otra vez, cojo un trozo y me imagino que me lo como, a bocados pequeños, en la realidad ahora mismo tengo la boca hecha agua y me apetece muchísimo comerme una, hasta puedo imaginarme el sabor, que me encanta.

Cojo otro trozo y me lo como, mastico bien  pero todo eso sin moverme, todo con la imaginación, hasta que por fin me como los 4 trozos, cada vez tengo más ganas de comerme una manzana de verdad.

La experiencia ha sido como si hubiera visto un video pelando una manzana y después ese video lo hubiera reproducido en mi mente, como cuando vemos una película, y se nos vienen escenas a la cabeza  donde recreamos casi igual con la imaginación.

Imaginemos una manzana en nuestra cabeza, roja, muy roja, como la manzana de Blanca Nieves, no esa que viene que acompaña a mi prima la hamburguesa del happy meal de McDonald, no, esa no, eso caca, la manzana roja de Blanca Nieves es la que nos vale, de acuerdo, empecemos.

                Siéntate, túmbate, échate una cabezadita mientras escuchas a tu profesor explicando las preguntas que entran en el examen, y cierra los ojos lentamente, aunque la tabla de la mesa esté congelada porque está en la otra parte de la clase y no hay un radiador cerca, pero intenta concentrarte, bien, cuando tengas los ojos cerrados ponte un fondo blanco, ahora pon esa manzana roja de Blanca Nieves flotando en el fondo blanco, nada lo sujeta, vale, perfecto.

                Ahora crea un cuchillo en tu imaginación, dale una historia a ese cuchillo, un cuchillo militar que haya degollado algún que otro cuello, o afeitado unas cuantas barbas, un cuchillo con forma de manzana seria quizás un tanto gracioso, una navaja de estas antiguas que todos los abuelos de campo tienen con el mango de madera, o un cuchillo de la marca arcos, de esos que mi abuela tanto cuidaba y siempre me pelaba las manzanas con el mismo cuchillo, con el mango negro, un par de remaches bien rematados en acero inoxidable y una hoja afilada a base de quinientas pasadas sobre el asperón que mi abuelo guardaba en el tercer cajón de la cocina con el que afilaba todas sus navajas.

                Una vez creado ese cuchillo, corta un par de centímetros de la parte de arriba de la manzana, con cuidado, no te cortes, ahora que la has cortado hinca la punta por donde aún queda piel y mediante un movimiento rotatorio circular quita esa piel y el rabo de la manzana. Ahora has lo mismo con la parte del culo de la manzana, corta un par de centímetros e hinca la punta para quitarle la piel que une los pistilos de la antigua flor con el culo de la manzana, perfecto.

                Ahora que has quitado la parte superior e inferior de la manzana has de quitarle el resto de piel, pero, no lo hagas a lo basto quitando la mitad de la manzana pegada a la piel, empieza de arriba abajo, bien, hinca la hoja del cuchillo desde el borde lateral de forma que solo quites piel, debe quedarse la menos cantidad posible de carne pegada a la piel, porque si no lo sabes, ahí es donde está todo el azúcar de la manzana, bien, prosigamos, ahora que lo has hincado coge la manzana con la mano izquierda y el cuchillo con la derecha, por el mango, no vayas a cortarte, y a la vez que vas cortando muy despacio vas girando la manzana, pero sujétala bien, no vaya a resbalarse, porque una manzana con caca del suelo no le gusta a nadie. Ve muy despacio, siente como la hoja despeja la piel de la carne de la manzana, es un poco gore sentirlo así, pero a mí al menos me mola hacerlo así, ten huevos a sacar la tira de piel entera sin que se te rompa o que la cortes, si lo haces como yo te he dicho no se te romperá, y eso será señal de que me has hecho caso.

                Una vez la hayas pelado entera cógela de forma que el culo se quede en la palma de tu mano, por lo que la hoja del cuchillo la tienes que hincar perpendicularmente al centro de la manzana, intenta hacer el corte más recto posible, no te cortes, recuerda que el cuchillo está afilado con el asperón de mi abuelo, JODER QUE TE HE DICHO QUE NO TE CORTES!! Ahora has dejado toda la manzana llena de sangre, por dios ve y la lavas antes de que absorba la sangre y cúrate eso.

                Bien, ya sabes que a la próxima no te cortaras, y que los cuchillos de mi abuela siempre están muy bien afilados, venga, prosigamos, una cortada coge la manzana de nuevo y únela, de forma que repitas el proceso de corte pero perpendicularmente al anterior corte, así tendremos cuatro gajos, una vez hecho con la hoja del cuchillo retira la piel que cubre la capsula de las pepitas que hay en el interior de la manzana, haz lo mismo en los cuatro gajos, ahora coge un cuenco, échale un par de yogures blancos azucarados del mercadona, corta en daditos los gajos de la manzana y los echas en el cuenco con el yogur, remuévelo y te lo comes gustoso después de tu corte.

                Buen provecho. 

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