FILOSOFIESTA

HACIA LA FILOSOFÍA DESDE LA DIVERSIÓN Y HACIA LA DIVERSIÓN DESDE LA FILOSOFÍA

¿Porqué muestra esa emoción? ¿Adónde irá? ¿De dónde vendrá? ¿Dónde vivirá? ¿Será feliz? ¿Habrá amado alguna vez? ¿Porqué viste de esa forma? ¿Cómo se llamará? ¿Y esos dos son amigos? ¿Estarán enamorados en secreto? ¿ël la mira de manera especial? ¿Es envidia? ¿Porqué llora?¿tendría que consolarla? ¿Qué edad tendrá? ¿importa algo? ¿qué espera en la vida? ¿Qué será de ella?¿De alguna forma lo que hacemos no es prejuzgar a las personas consciente o inconscientemente por su aspecto externo, su manera de andar...? ¿Tendremos algo de razón?

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Respuestas a esta discusión

Me encuentro en la parada del autobús, estoy a punto de abandonar un lugar en el que he pasado poco tiempo pero del que creo que tardaré en olvidar. He vivido allí grandes momentos. A lo lejos veo el autobús que espero, la gente se da prisa para colocarse los primeros de la fila y así coger los mejores asientos libres. Yo sin embargo me espero para ser la última, todo con un fin, el de observar a la gente que se baja allí. Yo abandono ese lugar, los demás sin embargo llegan con destino a él.

 Los observo a todos, hay personas mayores, de mediana edad, algunos con ropa de trabajo puesta, otros muy arreglados para quien sabe qué ocasión. Yo me quedo con una persona joven que también se baja allí, su vestimenta es informal, lo que me hace intuir que tenemos cosas en común, es más tiene una gran sonrisa en la cara, al igual que yo cuando me bajé allí. Sin darme cuenta llega mi turno para pagar el billete, siento nostalgia por abandonar ese lugar y a la vez mucha felicidad por las experiencias que he vivido allí. He abonado el billete me siento en el único lugar que queda libre pero cerca de la ventana, así mientras el conductor arranca el bus puedo observar a esa persona joven de la que he tenido la impresión de que se parece tanto a mí.

Me hago mil preguntas, veo que el camino que sigue es el mismo que yo cogí cuando llegué y me bajé allí. En cierto modo me gustaría estar en su lugar y así tener por delante esas experiencias por disfrutar. Me fijo en su cara, su sonrisa inicial se torna poco a poco en cara de sorpresa y me digo ¡igual que yo!

Entonces estoy casi segura, creo que al igual que yo es la primera vez que llega a ese lugar. Mira a todos lados supongo que le habrán sorprendido las mismas cosas que a mí, quizás no, ya que cada persona tiene sus propias preferencias pero tengo la impresión de que no para de mirar los mismos naranjos que me sorprendieron tanto, entonces pienso que debe gustarle la naturaleza tanto como a mí. Espera en el semáforo, va a cruzar por donde yo lo hice, quizás se dirija al mismo lugar que yo. En frente hay una pequeña pensión, a poca gente le parecería tan acogedora como me lo pareció a mí, sobre todo cuando a unos metros hay un hotel de 4 estrellas, me parece increíble mira la pensión embobado, tal vez como a mí los sitios más simples y pequeños le parezcan los más encantadores.

Entonces me pregunto cuales serán las razones o motivos que le han llevado a un lugar tan apartado. ¿Serán parecidos a los míos? sería demasiada casualidad, los motivos pueden ser muchos, encontrarse con un ser querido, ser tan solo un viaje de placer, o quizás este lugar tenga un significado especial para esta persona igual que para mi ¿quién sabe?

Me gustaría poder decirle por la ventana lo más bonito de ese lugar, aunque no lo hago, de todas maneras lo más seguro es que vea el precioso atardecer desde el mismo mirador que yo, pasee por el mismo parque e incluso se fije en los mismos árboles que yo, por la noche supongo que no dejará pasar la oportunidad de contemplar el mar desde el mismo paseo marítimo en el que estuve el día anterior. Es más estoy segura de que cenará en el mismo restaurante que yo, se come genial, no es muy caro e incluso le atenderá la misma camarera tan simpática y por qué no decirlo tan habladora que me atendió a mí. No espera esa camarera me dijo que libraba al día siguiente.

Me doy cuenta entonces que las personas son diferentes pero las experiencias pueden ser las mismas, o tal vez no…

MIRAR A LA GENTE DESDE EL AUTOBUS

 

Voy a precisar un poco  esta experiencia, para mi a consistido en mirar a la cara de la gente caminando por la calle y no desde el autobús.

Fijarse en rostros de personas que caminan a tu alrededor es difícil, pues los movimientos son rápidos. Al principio no me sugieren gran cosa, pero a medida que voy caminando despacio, muy despacio, empezó a ver rostros y también los acompaño con la observación de la ropa, el peinado y otros accesorios. Por el físico se pueden deducir muchas más cosas de las que me imaginaba. No hay duda de que el físico, el aspecto físico es lo primero que percibimos  de las personas. Por lo tanto es el primer factor que influye en nosotros para formarnos una primera impresión de la persona a la que miramos.

Ahora entiendo porque las personas empleamos tanto tiempo y dinero en cuidar nuestra apariencia física. En la sociedad es un factor prioritario. Según aparezcas ante los ojos de los demás así te juzgan. Por ejemplo a la hora de solicitar un trabajo es prioritario el aspecto físico que presente el solicitante. De ello depende el cincuenta por ciento de las posibilidades de obtener el puesto de trabajo que se solicita. El otro cincuenta por ciento lo añadiría la formación y la experiencia que incluya en su curriculum.

También es importante el aspecto físico en las relaciones personales. La atracción entre las personas, en un primer momento es física, posteriormente se conoce el carácter, la personalidad etc.

A medida que me voy fijando en las caras también reconozco gestos y actitudes. Personas que caminan ceñudas y parecen preocupadas. Otras con gesto despistado y ausente. En fin, cada uno totalmente diferente. No existen dos rostros iguales, ni siquiera los de los hermanos gemelos. Si observamos con cuidado a dos hermanos gemelos podemos darnos cuenta de que incluso en ellos existen diferencias. Todos somos iguales pero también todos somos diferentes.

 

Y empiezo diciendo que quien no lo haya hecho no tiene infancia. Todo sabemos que alguna vez en la vida hemos ido en el autobús y hemos mirado por la ventana hacia abajo para ver los coches pasar por debajo nuestra (eso si íbamos en un autobús escolar, porque los de línea son bajitos) pero claro, éramos tan pequeños que no nos parábamos a pensar en lo que podía suponer mirar por esa ventana, en ese momento, desde esa perspectiva. Solo jugábamos a que éramos grandes monstruos que corrían a por los coches o que éramos los dueños del mundo y controlábamos todo lo que era más pequeño que el autobús.

Sin embargo, si ahora nos paramos a pensar que podría significar mirar por esa ventana, desde ese asiento, al lado de esa persona, y en ese autobús, las circunstancias cambian, o por lo menos para mí. Si yo ahora cogiera y me fuera a una excursión, después de haberme planteado esta extraña experiencia quizás ya no me montaría de la misma forma en el autobús, o tal vez si, depende del día, de si estoy pava, distraída o miles de cosas más. Vamos suponer por un momento que mañana me voy de excursión, y así podré explicaros mejor mi sensación.

Haber, supongamos que nos montamos ya en el autobús escolar y que el profe o seño ya nos ha contado. Es una excursión larga, vamos a poner que es a Sevilla, lo cual tenemos 3 horas buenas de viaje para reflexionar mirando desde la ventana. Empezamos el viaje, y por ahora no estoy atenta a la ventana, porque estoy hablando con mis amigas sobre lo que haremos en este día. Cuando ya pasa una hora o así, ya me he cansado de hablar y me he mareado, por lo que decido mirar por la ventana para ver si se me pasa el mareo. En estas que se me pasa por la cabeza todos esos recuerdos de cuando era pequeña e iba en el autobús imaginándome que el mundo era más pequeño a mis pies y que yo era la persona más grande. Ahora que soy más adulta (o debería serlo) me doy cuenta de que eso ya no es así, de que es una simple ventana, con una simple cortina, por donde puedo observar el paisaje que corre alrededor de mi. Ya no es un mundo fantasioso, donde está todo creado por mi imaginación, si no es la realidad, la pura y cruda realidad. Eso sí, es un mundo por descubrir, nadie sabe lo que te deparará cada esquina del planeta, pero no siempre podemos vivir en esa burbuja que nos aísla de todo, donde nos creamos nuestra vida perfecta y nuestros momentos perfectos y fantasiosos. A medida que te vas haciendo mayor, aquella ventana del autobús que una vez te hizo francamente feliz, hoy día es solo una ventana más, un cristal por donde observar lo que hay más allá de ti.

No quiero desanimaros, claro está que podemos seguir creyendo en esos mundos en los que antes estábamos tan ilusionados, pero luego no me quiero hacer responsable si os lleváis un buen batacazo. La vida está para aprender a base de palos, así que si no os lo lleváis ahora, os tocará tarde o temprano. Da mucha rabia cuando veo esos comentarios o estados de: ‘’estoy destrozado/a’’, ‘’ya no me quiere’’, ‘’se me acaba el mundo’’, o lo mejor de todo: ‘’la vida ya me ha dado bastantes piedrazos’’. Me hacen reír, de verdad, no sabéis todo lo que nos espera. Solamente tenemos 16 años, nos queda toda una larga vida por delante. No nos dejemos rendir tan fácilmente, seamos valientes. En fin, me he desviado del tema un poco al final, pero es que una reflexión lleva a la otra. Os invito a que reflexionéis sobre estas cosas, que por muy pequeñas que sean, te hacen pensar. Buenas noches, un saludo. 

Y empiezo diciendo que quien no lo haya hecho no tiene infancia. Todo sabemos que alguna vez en la vida hemos ido en el autobús y hemos mirado por la ventana hacia abajo para ver los coches pasar por debajo nuestra (eso si íbamos en un autobús escolar, porque los de línea son bajitos) pero claro, éramos tan pequeños que no nos parábamos a pensar en lo que podía suponer mirar por esa ventana, en ese momento, desde esa perspectiva. Solo jugábamos a que éramos grandes monstruos que corrían a por los coches o que éramos los dueños del mundo y controlábamos todo lo que era más pequeño que el autobús.

Sin embargo, si ahora nos paramos a pensar que podría significar mirar por esa ventana, desde ese asiento, al lado de esa persona, y en ese autobús, las circunstancias cambian, o por lo menos para mí. Si yo ahora cogiera y me fuera a una excursión, después de haberme planteado esta extraña experiencia quizás ya no me montaría de la misma forma en el autobús, o tal vez si, depende del día, de si estoy pava, distraída o miles de cosas más. Vamos suponer por un momento que mañana me voy de excursión, y así podré explicaros mejor mi sensación.

Haber, supongamos que nos montamos ya en el autobús escolar y que el profe o seño ya nos ha contado. Es una excursión larga, vamos a poner que es a Sevilla, lo cual tenemos 3 horas buenas de viaje para reflexionar mirando desde la ventana. Empezamos el viaje, y por ahora no estoy atenta a la ventana, porque estoy hablando con mis amigas sobre lo que haremos en este día. Cuando ya pasa una hora o así, ya me he cansado de hablar y me he mareado, por lo que decido mirar por la ventana para ver si se me pasa el mareo. En estas que se me pasa por la cabeza todos esos recuerdos de cuando era pequeña e iba en el autobús imaginándome que el mundo era más pequeño a mis pies y que yo era la persona más grande. Ahora que soy más adulta (o debería serlo) me doy cuenta de que eso ya no es así, de que es una simple ventana, con una simple cortina, por donde puedo observar el paisaje que corre alrededor de mi. Ya no es un mundo fantasioso, donde está todo creado por mi imaginación, si no es la realidad, la pura y cruda realidad. Eso sí, es un mundo por descubrir, nadie sabe lo que te deparará cada esquina del planeta, pero no siempre podemos vivir en esa burbuja que nos aísla de todo, donde nos creamos nuestra vida perfecta y nuestros momentos perfectos y fantasiosos. A medida que te vas haciendo mayor, aquella ventana del autobús que una vez te hizo francamente feliz, hoy día es solo una ventana más, un cristal por donde observar lo que hay más allá de ti.

No quiero desanimaros, claro está que podemos seguir creyendo en esos mundos en los que antes estábamos tan ilusionados, pero luego no me quiero hacer responsable si os lleváis un buen batacazo. La vida está para aprender a base de palos, así que si no os lo lleváis ahora, os tocará tarde o temprano. Da mucha rabia cuando veo esos comentarios o estados de: ‘’estoy destrozado/a’’, ‘’ya no me quiere’’, ‘’se me acaba el mundo’’, o lo mejor de todo: ‘’la vida ya me ha dado bastantes piedrazos’’. Me hacen reír, de verdad, no sabéis todo lo que nos espera. Solamente tenemos 16 años, nos queda toda una larga vida por delante. No nos dejemos rendir tan fácilmente, seamos valientes. En fin, me he desviado del tema un poco al final, pero es que una reflexión lleva a la otra. Os invito a que reflexionéis sobre estas cosas, que por muy pequeñas que sean, te hacen pensar. Buenas noches, un saludo. 

Y empiezo diciendo que quien no lo haya hecho no tiene infancia. Todo sabemos que alguna vez en la vida hemos ido en el autobús y hemos mirado por la ventana hacia abajo para ver los coches pasar por debajo nuestra (eso si íbamos en un autobús escolar, porque los de línea son bajitos) pero claro, éramos tan pequeños que no nos parábamos a pensar en lo que podía suponer mirar por esa ventana, en ese momento, desde esa perspectiva. Solo jugábamos a que éramos grandes monstruos que corrían a por los coches o que éramos los dueños del mundo y controlábamos todo lo que era más pequeño que el autobús.

Sin embargo, si ahora nos paramos a pensar que podría significar mirar por esa ventana, desde ese asiento, al lado de esa persona, y en ese autobús, las circunstancias cambian, o por lo menos para mí. Si yo ahora cogiera y me fuera a una excursión, después de haberme planteado esta extraña experiencia quizás ya no me montaría de la misma forma en el autobús, o tal vez si, depende del día, de si estoy pava, distraída o miles de cosas más. Vamos suponer por un momento que mañana me voy de excursión, y así podré explicaros mejor mi sensación.

Haber, supongamos que nos montamos ya en el autobús escolar y que el profe o seño ya nos ha contado. Es una excursión larga, vamos a poner que es a Sevilla, lo cual tenemos 3 horas buenas de viaje para reflexionar mirando desde la ventana. Empezamos el viaje, y por ahora no estoy atenta a la ventana, porque estoy hablando con mis amigas sobre lo que haremos en este día. Cuando ya pasa una hora o así, ya me he cansado de hablar y me he mareado, por lo que decido mirar por la ventana para ver si se me pasa el mareo. En estas que se me pasa por la cabeza todos esos recuerdos de cuando era pequeña e iba en el autobús imaginándome que el mundo era más pequeño a mis pies y que yo era la persona más grande. Ahora que soy más adulta (o debería serlo) me doy cuenta de que eso ya no es así, de que es una simple ventana, con una simple cortina, por donde puedo observar el paisaje que corre alrededor de mi. Ya no es un mundo fantasioso, donde está todo creado por mi imaginación, si no es la realidad, la pura y cruda realidad. Eso sí, es un mundo por descubrir, nadie sabe lo que te deparará cada esquina del planeta, pero no siempre podemos vivir en esa burbuja que nos aísla de todo, donde nos creamos nuestra vida perfecta y nuestros momentos perfectos y fantasiosos. A medida que te vas haciendo mayor, aquella ventana del autobús que una vez te hizo francamente feliz, hoy día es solo una ventana más, un cristal por donde observar lo que hay más allá de ti.

No quiero desanimaros, claro está que podemos seguir creyendo en esos mundos en los que antes estábamos tan ilusionados, pero luego no me quiero hacer responsable si os lleváis un buen batacazo. La vida está para aprender a base de palos, así que si no os lo lleváis ahora, os tocará tarde o temprano. Da mucha rabia cuando veo esos comentarios o estados de: ‘’estoy destrozado/a’’, ‘’ya no me quiere’’, ‘’se me acaba el mundo’’, o lo mejor de todo: ‘’la vida ya me ha dado bastantes piedrazos’’. Me hacen reír, de verdad, no sabéis todo lo que nos espera. Solamente tenemos 16 años, nos queda toda una larga vida por delante. No nos dejemos rendir tan fácilmente, seamos valientes. En fin, me he desviado del tema un poco al final, pero es que una reflexión lleva a la otra. Os invito a que reflexionéis sobre estas cosas, que por muy pequeñas que sean, te hacen pensar. Buenas noches, un saludo. 

Esa gente, se pasea frente a mis ojos. ¿O me paseo yo ante los suyos? Están felices, sonrien, deben de ir hacia un sitio aún más feliz, deben de venir del paraíso. Tienen que ser felices, su sonrisa es radiante. Tienen que haber amado, deben de amar ahora y ser amados. Es libre, tiene personalidad y viste de manera especial, como si lo que llevase fuera su resplandor, sólo le hace más especial. Debe de tener un nombre, pero un nombre de ángel. Él no espera nada de la vida, porque da sin importarle lo que pueda pasar. Él, a diferencia de mi, es feliz. Yo, a diferencia del resto de la humanidad, no me pregunto si alguien me verá, porque soy invisible.

  Depende también del día que tengamos, si estamos triste, la mayoría de las personas que veremos, tendrán este estado de ánimos, pero no sin ir más lejos de la realidad, podremos ver a gente alegre, personas con prisas, personas tristes, personas abstracta, personas que le buscan un por que a su vida, personas que están de paso y no levantan la cabeza, y otros que miran por encima del hombro más de la cuenta, de distintos colores, géneros, y sobre todos pensamientos, pero ya que vemos juzgamos sino no seriamos seres humanos, y desde nuestro autobús visualizamos ese hombre de americana y corbata cara, que busca su coche de marca que lo ha dejado estacionado no muy lejos, y sacamos nuestras propias conclusiones, creyendo que el dinero da la felicidad, lo envidiamos, un empresario, trabajo fijo, coche de marca, y sin ir más lejos puede ser el típico hombre que esta realmente endeudado a punto de perder todo, que se ha separado de su mujer, nuestro autobús sigue su circulación y nos fijamos en esos niños jugando en la plazoleta que no tienen preocupación ninguna pero que si tienen prisa por crecer, y tu que ahora haz crecido quieres volver a ser niño otra vez.

El autobús realiza una  parada y ves a una mujer físicamente increíble, de esas que preferiblemente puede decir que no le huye a los complejos porque simplemente no lo tiene, si eres hombre la quisieras tener a tu lado, si eres mujer querría ser como ella, pero ves que esta triste, que no es feliz incluso pasa por tu ventana en el instante que el autobús esta parado en la parada, y la ves llorar, y te preguntas ¿Con lo bella que es por que? Si lo tiene todo, va bien vestida, es guapa, sí pero lo que no sabes y podría ser, es que es de Rusia, tiene una carrera de medicina pero no puede ejercer y trabaja en el club, ejerciendo una profesión totalmente distinta a la que estudio, esta cansada de que todos la juzguen por su cuerpo y de que este sea su medio de vida, le encantaría tener otro aspecto tal vez el tuyo que tanto la admira por eso y poder trabajar en otra cosa, sin aguantar a borrachos,sin tener que mentir a su familia que sigue en su país, valorarse como persona, por valores morales.

Queda poco para llegar a tu parada pero antes pasan cosas que te llaman bastante la atención, como el cartel de aquel mendigo que decía : “ Sólo quiero regresar a Escocia, ayúdame a ver a mis hijos” en ese momento vez como empieza a llover y el no se va, todo el mundo saca su paraguas y el descalzo con apenas una camisa rota y un pantalón que para nada lo tapa del frio sigue, protege un poco el cartel sin tapar las palabras, pero el se moja, no sonríe, tampoco esta triste, no mira a nadie se avergüenza, sí, puede que se avergüence de venir aquí por una promesa de trabajo fijo, dejando a su familia allí, por ser avaricioso allí lo tenia todo, pero aquí casi gana el doble, hasta que su empresa cerro y el termino en la calle, durmiendo en un cartón sin contacto alguno con sus hijos, lo que le echan apena le da para un trozo de pan.

Y ya llegaste pero no sin ver aquel hombre de raza negra que en el semáforo antes de tu parada ofrece pañuelos con las mejores de la sonrisa, bailando bajo la lluvia, nada le importa el quiere vender ofrecerte y si le dices que no sonríe, ahí es cuando piensas, el sonríe y nada le preocupa tal vez era el mas pobre, pero no es más rico quien mas tiene sino el que menos necesita, si el sonríe yo que tengo más que el y necesito menos, no voy a llorar tan fácil.

Mirar a la gente desde un coche o autobús

 

Hace poco me paso esto cuando iba a ver aun familiar, pero no me a pasado una vez sino que me a pasado muchas veces cuando cogiamos el coche y alguien se paraba a nuestro lado en un semáforo, señal, etc,  pero esto solía pasar ya que cuando  veíamos el paisaje,  de repente pasaba un coche y  se quedaba al lado o por el simple hecho de que nos empezábamos a aburrí en el trayecto y por entretenernos mirar a la gente nos sirve para distraernos   . Depende de cómo estés te preguntaras cosas sobre la persona que ves en un periodo corto de tiempo, en el que te preguntas” ¿Cómo será su vida? ¿Tendrá muchos problemas en su vida? ¿A donde ira?” y muchas mas cosas que se podrían pasar por la cabeza.

Pero lo primero que me suelo fijar, es en el físico, me pregunto cosas como porque va vestido así , si me gusta o no como va, me hago mas preguntas como he dicho anteriormente, se que después de una hora no me interesara o no me acordare de lo que vi, ya que en el momento que paso no podía hacer nada, la mayoría de las veces cuando vamos en un autobús nos solemos fijar en la gente cuando no vamos acompañados o cuando vamos escuchando música pero cuando vamos con gente no nos fijamos ya que vamos concentrado en hablar con la persona que nos acompaña. Solemos criticar a la gente desde nuestros adentros tanto para bien como para mal, algunas personas las ves de una forma y a otras de forma diferente, todo esto nos puede pasar en el recorrido hacia algún destino, aunque muchas veces cuando as quedado con alguien le cuentas lo que ha pasado, si ha habido un accidente u otro tipo de problemas pero no cuando nos fijamos en las personas por lo menos en mi caso, luego la hora ya no te acuerdas de lo que hiciste en el autobús ya que tienes mas importancia a otras cosas de la vida, en especial a la tuya, luego para volver algunas veces tienes que coger el autobús otra vez  si estas lejos de tu casa, pero muchas veces al volver estamos cansados y no nos fijamos en la gente ya que nos da pereza o nos ponemos a ver el paisaje, yo no suelo coger el autobús ya que suelo hacer los trayectos andando o me piílla muy cerca lo que tengo que hacer de mi casa.

Esta experiencia me ha resultado fácil ya que la había experimentado varias veces y porque la había practicado desde hace mucho, cuando me montado en el coche, autobús, taxis, etc. Esto puede sonar cotilla de observar al gente y opinar a veces mirando desde el autobús pero en ese momento no hay nada que hacer y por entretenimiento hacemos eso y tampoco lo haces con maldad ninguna, simplemente porque nos aburrimos y no somos conscientes ya que después de la hora se te olvida todo lo que ocurre en ese momento, de lo que pensamos, de si nos gusta su manera de vestir,  de su foma, etc.

También muchas veces cuando vamos sentados en el autobús y hay un asiento a nuestro lado queremos una persona de apariencia mas fiable que una que no y puede ser que la persona que no tiene un aspecto fiables es un ladrón mientras que el que tiene peor apariencia puede ser una gran persona que muchas veces nos da cosa o no nos fiamos por llevar una peor apariencia

Con esto nos podemos dar cuenta de que cada uno es original y único ya que tenemos difentes objetivos, gustos y muchas mas cosas de las que podemos saber al ver a esa persona simplemente por verla durante unos minutos. En definitiva es que podemos distraernos con muchas cosas pero la mayoría de nosotros nos solemos fijar en las personas, puede que sea simplemente de forma natural ya que tenemos la capacidad de socializarnos con mas gente.

Esta experiencia me llamó mucho la atención y la verdad que me hacía mucha ilusión hacerla, por ello una tarde cuando iba a coger el autobús , como es lo normal estuve en la parda unos 10 minutos con ganas de montarme y poder realizarla . Cuando pasaron unos 10 minutos el autobús se paró  y justamente delante de mí se abrieron las puertas , lentamente subí el escalón y pagué mi viaje. Al instante me dispuse a sentarme en uno de los asientos del autobús y como no iba muy lleno la verdad pues escogí sentarme en los de el final , donde estaban todos vacíos.

Antes de que empezara a arrancar , ya me había fijado en las personas que estaban allí , justamente en el mismo autobús que yo y me paré a pensar : ¿ de dónde vendrán? , ¿ hacia dónde irán? La verdad que era una sensación muy extraña eso de preguntarte cosas acerca de otras personas que ni siquiera los habías visto , que ni siquiera los conocías o que tan ni siquiera sabías su nombre , pero la verdad que aunque me sentí rara por hacerlo , me gusto y por lo tanto cuando el autobús comenzó a andar podemos decir que empecé verdaderamente a realizar mi experiencia.

Nunca me había parado a pensar tantas cosas sobre la gente , ya que es cierto que cuando vas por la calle andando o simplemente como ahora mismo en un autobús o coche las personas van a su rollo , pensando que harán de comer , si su novio le estará esperando o ha llegado tarde o simplemente pensando en problemas que nadie sabe , pero que lo reflejan con una cara triste o amarga.

Había tantas cosas que pensar que no sabía por donde empezar, es cierto que a través de esta experiencia he aprendido que observar a veces puede hacer mucho bien y creo que si la gente observara mas o  se parara aunque sea un momento en sus vidas a observar la gente que hay a su alrededor , el mundo iría de otra manera, y creo que puedo afirmar con toda seguridad que de una manera mejor.

Aquellas personas que veías paseando por las calles , no eran más que desconocidos y su imagen no podía ser muy significativa para mi , ya que ni si quiera sabía nada sobre ellas , solo las podía juzgar por lo que hacían en ese instante o por como eran y la verdad que me parece una manera muy subjetiva de valorar a las personas , pero aun así , aun pareciéndome mal lo que estaba haciendo lo seguía haciendo. Mucha gente iba pegada a sus teléfonos o iban andando tan deprisa con una cara seria, hacia esas personas yo pensaba que estarían estresados por temas de trabajo o simplemente porque su vida es muy ajetreada o agotadora que por ello tienen que ir a todas partes de esa manera, y no tienen ni la más mínima oportunidad de  mirar a su alrededor. Otras iban discutiendo con su pareja al lado y sin darse cuenta que su hijo estaba delante , otros iban escuchando música y parecían que iban alegres cantando sus canciones caminando hacia alguna parte con alguna especie de motivación o con cierta gana por llegar a algún sitio , otros iban con mochilas , arrastrando las piernas con una cierta desgana por ir hacia un lugar.

La verdad que analizando todas estas imágenes te puedes dar cuenta que las personas creemos que sabemos mucho de nuestro alrededor y es inciertamente verdadero , ya que cada uno va a su rollo sin importarle lo más mínimo de la persona de al lado y pienso que esto lo deberíamos de mejorar , aunque no es una cosa muy fácil de realizar , nada es imposible , pero deberíamos de empezar con tan solo decir un ola a aquellas personas que te cruces o un que tal estas? Y seguro que alguien te lo agradece. Debemos de aprender mucho de la vida y sobre todo debemos de aprender de que no estamos solos en ella , sino que debemos de aprender a saber valorar a todas las personas que hay en ella.

MIRAR A LA GENTE DESDE UN COCHE O UN AUTOBÚS

Esta experiencia me parece bastante  llamativa por lo que me animé a responderla, por el hecho de tener que hacernos tantas preguntas sobre una persona y tomar una imagen de ella por tan solo su apariencia física, como puede ser su forma de vestir, su corte o color de pelo, sus gestos, su forma de andar, su forma de mirar…   aunque nunca se me hubiese ocurrido el plantearme todas esas preguntas cuando habitualmente viajo en autobús, normalmente cuando voy en el coche o en el autobús, sobre todo en el autobús me fijo bastante en las personas, y las analizo bastante físicamente. Esta experiencia la acabo de realizar pues acabo de llegar a mi casa de haber cogido el autobús, una vez que ya estaba en él sentada, tenía justo en frente a una señora mayor que iba vestida de negro, y me he empezado a preguntar: ¿por qué va vestida de negro? ¿estará viuda esa señora o simplemente usa ese color al vestirse porque le parece el más apropiado para su edad? ¿o porque el negro le estiliza? ¿a dónde irá o de donde vendrá? ¿irá al médico o irá a visitar a su hija? Si va a visitar a su hija, ¿por qué? ¿Por qué está enferma? ¿Por qué van a celebrar algo? ¿o simplemente por gusto? Empecé a hacerme miles de preguntas sin saber ninguna respuesta.

Otra de las personas en las que me he fijado ha sido un chico que tenía bastantes tatuajes (los que yo he podido observar eran en las manos, cuello y nuca) e iba con una mochila y una carpeta en la mano, tenía varios piercings (septum, varios en la oreja y en el labio), con el pelo rapado e iba vestido de colores llamativos. A partir de ahí se me empezaron a ocurrir bastantes preguntas como por ejemplo: ¿iba a clase o venía de ella? ¿O porque lleve una mochila y una carpeta ya significa que tenga que estudiar? Quizás en la mochila llevaba una sudadera, o cualquier otra cosa y la carpeta era para llevar unos simples papeles al banco. ¿Tendrá problemas? Parece una persona seria por sus rasgos físicos, ¿lo será?  Y.. ¿Por qué tiene tantos tatuajes y piercings? ¿Tendrán algún significado todos esos tatuajes? ¿O se los hizo solo por estética? ¿Eso significa que es una mala persona? Porque mucha gente lo piensa así. ¿Tendrá alguna mascota? Y, ¿estará soltero?  ¿por qué lleva el pelo rapado? ¿Porque le gusta? ¿Por qué es más cómodo o porque simplemente perdió una puesta? ¿Por qué viste de esa manera tan curiosa? No paraba de realizarme preguntas a mi misma.

La última persona de la que voy a hablar es de una chica joven que iba con una maleta, iba vestida con un chándal y estaba con los cascos puestos, lo primero que me pregunté fue: ¿por qué lleva una maleta? ¿se va de viaje? ¿o viene de viaje? ¿o se va a casa de un amiga por unos días? ¿o quizás vaya a la de su novio? O espera, ¿tiene novio? ¿por qué va en chándal? ¿Porque le parece cómodo o porque después se va a hacer deporte? ¿Por qué? ¿y si lleva unos cascos será porque está escuchando música no? ¿o está escuchando un audio que le han enviado por WhatsApp? Y si está escuchando música.. ¿qué música escucha? ¿la estará cantando mentalmente?  Y cuando iba a seguir con las preguntas, ya estaba en mi parada y me tuve que bajar.

Finalizo esta experiencia comentando que  me ha gustado mucho porque cuando voy en autobús miro a la gente y nunca me hago esa cantidad de preguntas, es algo bastante curioso que te preguntes tanto acerca de una persona que ni siquiera conoces y que en cuanto te bajes del autobús se te olvidarán todos esos detalles en los que te has fijado durante el trayecto.

-Un viaje en bus.

(seguramente este no sea el contexto en el que va enfocada la experiencia. Aún así prefiero verlo desde "que ocurre dentro del autobús" que, aunque no es tan grande como la calle, y no pasa tanta gente, sigue siendo muy muy interesante)

Por suerte o por desgracia a lo largo de mi vida me he montado en muchos autobuses. Autobuses marrones, azules, rojos, o con un gran cartel publicitario que casi cubre la chapa entera. Autobuses repletos o prácticamente vacíos. Autobuses grandes o pequeños, estrechos, sucios, autobuses. En muchas ciudades, con muchos conductores y sobretodo con mucha gente diferente. Entonces digamos que más que una desgracia es una suerte.

Mucha gente no sabe apreciar lo bueno de ir en bus. Pese a que siempre hacen el mismo recorrido, cada viaje es único.

Hoy de nuevo me volví a montar en uno. Llego, y me siento lo mas pegado a la ventana. Desde ahí puedo contemplar todo lo que necesito. Es apasionante observar a la gente. No con malos ojos ni buscando el morbo del cotilleo, si no simplemente, observándola. Poniéndole una historia a esa cara que llevan. Porque es en un autobús, solos, cuando nos quitamos todo nuestro maquillaje y demostramos quienes somos.

"Parece que otra vez está esa chica vestida de limpiadora. Seguramente venga de trabajar una larga jornada haciendo algo que no le gusta, pero no puede quejarse, se conforma con tener un plato de comida en la mesa. Y esa mujer que veis con pelos de loca y con una moda un poco extravagante es profesora en un conservatorio de música. Desde pequeña siempre adoró tocar el violín y ahora es una de las mejores violinistas de Granada. ¿Ese señor? Desde hace poco siempre coge la misma línea. Le gusta ir a ver a su hija, y visitar a su nieto recién nacido. Desde que murió su mujer, es lo único que le llena. Luego tenemos a esa señora mayor, de unos 70 años, que pese a ser cliente vip en el autobús prefiere pagar en monedas que con una tarjeta. Nunca cambiará. Sentada a mi derecha está esa mujer de ojos tristes a punto de llegar a su casa. Se acaba de divorciar y le entristece tener la casa para ella sola. Ese chico apoyado en el cristal acaba de suspender un examen. Lo único que le consolaría sería recibir un mensaje de su novia, pero parece que ahora no está disponible. Aquellas dos señoras murmullan criticando a una conocida vecina. Juzgan a los demás para de alguna manera olvidar todo aquello que hacen mal. Lo que no saben es que ellas también son juzgadas. Esa chica que se sienta torcida en la silla, con ropa moderna y aires superiores, es su primer viaje en bus. No tiene muy claro su parada, y le da vergüenza tocar y equivocarse, sin embargo, siempre es mejor demostrar que eres fuerte, incluso tu mismo tal vez llegues a creértelo."

Cada persona tiene una historia. Su propia historia. Como es lógico, todo es pura hipótesis, sin embargo, pensar por un momento en los problemas de los demás y en sus vidas te demuestra que solo eres un pequeño e insignificante grano de arroz en una gigantesca paella. Ser conductor de un autobús sería fascinante. Sabes que llevas a su destino a muchísimas personas al día y que además recibes un "gracias" o una sonrisa por ello. Pero al igual de fascinante es peligroso. De ti dependen tantas cosas, que casi ni nos damos cuenta. Lo que cambiaría si por un momento el conductor dijese "no, ya no quiero conducir más por aquí." Y cambiase su ruta. ¿cuántas vidas estarían afectadas?

Un autobús en silencio es un autobús sin sentido, muerto. He viajado en muchos autobuses silenciosos. Por la noche. Cada persona piensa en sabe dios que, pero para ellos mismos. Es un silencio demasiado rotundo. La música de la radio está demasiado baja como, en un intento fallido de evitar pensar, ponerse a tararear la melodía. El cuchicheo de un niño pequeño con su padre se escucha de fondo.  "podrías ponerte los cascos" piensas. Para qué. Es mucho mejor mirar el paisaje. Afuera, en la calle, hay mucha más gente. "fíjate, esa señora llega tarde. Y aquellos chicos acaban de darse un beso, quien sabe si era el primero y yo, por casualidad, lo he podido ver. Una niña pasea con su perro. Lo que no sabemos es que acaba de mudarse a la ciudad y es la primera vez que pasea por las calles, pero está tranquila, sabe que no está sola. Las tiendas están abiertas, todo el mundo entra y sale de ellas sin fijarse en nada más. Todo el mundo corre de un lado para otro con una misión concreta, cuando, a veces, lo mejor es relajarse, quedarse en mitad de la calle y dejarse llevar. Subirse en un autobús y da igual a donde vaya, lo importante no es llegar si no todo el camino que recorres para descubrir el final."

Y otra vez eres uno más entre la muchedumbre. La multitud que se a galopa a construir una sociedad, o que al menos lo intenta. Construir una sociedad lógica o no, pero sí perdida. Seguramente soy el único del autobús que cuando ve a una chica en el autobús ve más allá del escote, o que cuando ve a una tía despeinada, ve más allá del pelo. Siempre prejuzgamos. Nos dejamos influenciar por lo que piensen de nosotros, y eso nos afecta tanto que creamos falsos juicios sobre personas que ni conocemos para sentirnos que no somos los únicos a los que critican.  Una sociedad movida por los prejuicios, y que no ve más allá de la apariencia. No me preocupa si alguna vez la gente me mira desde un autobus y piensan sobre quién soy. Me gustaría poder demostrarme tal cual, pero sé que eso es imposible. Que soy opaca y que solo muestro de mi una ínfima parte. Y tal vez la gente haga lo mismo. Vista, actúe, hable, de una manera concreta para contentar a los demás. Poniéndose una máscara que no le identifica para así sentirse más cómodo o más aceptado.

Ves a la gente desde tu asiento y piensas "quién es". "que hace ahí". "tal vez espere a alguien, o se haya perdido, o esté sentado por cansancio. ¿tendrá familia? ¿Será feliz?¿podría ayudarle en algo? ¿me lo encontraré de nuevo?" tantas posibles respuestas de una sola persona. Solo una. ¿cuántas personas pasan por la calle a lo largo del día?

Pero la verdadera magia de un viaje en bus es su interior. Cada viaje en bus es una oportunidad para conocer a gente increíble. Viajar en el autobús te vuelve una persona despierta, alegre y sociable, muy sociable. He tenido el placer y el gusto de montarme en autobuses con viajes muy, muy largos. En cada viaje aprendes tantas cosas nuevas. Hubo una vez que se sentó junto a mi un hombre al que no paraban de llamarle por teléfono. Aunque no le presté mucha atención, estaba sufriendo problemas económicos o de temas familiares, no lo sé muy bien. Ni lo sabré. El caso es que según me contó, (porque estuvimos hablando a lo largo de todo el trayecto el cual duraba muchas,  muchas horas) él viajaba cada cierto tiempo para visitar a un amigo que, aunque vivía lejos, le quería muchísimo. Y eso era lo único que le importaba. Hacerse kilómetros y kilómetros por ver a un amigo un par de días. Días que disfrutaría 100% con él. También tenía un bar, una hermana que era hippie, y en ese instante, se estaba comiendo un bocadillo de jamón, del cual me ofreció un pedazo, que rechacé.

En otro de mis viajes conocí a un extraño hombre. Nunca he ido sola en un trayecto largo, y esto me encantaba. Pero él, era peculiar. Se pasó todo el viaje sonriendo a la nada, aunque de vez en cuando miraba por mi ventana. De repente, a mitad del camino, un bebe que tenía unos asientos más atrás comenzó a llorar. Lloraba tan fuerte que solo se le escuchaba a él. Se pasó todo lo que quedaba de camino berreando. Sus padres le dijeron al conductor de pasar por algún pueblo cercano y entrar en una farmacia a comprar un chupete, pero, el conductor no entendió el tono irónico en el que se lo dijo así que nunca llegamos a parar en la farmacia, nunca se compró el chupete y nunca dejó de llorar. Sin embargo mi  compañero de viaje estaba muy feliz. Supongo que o estaba sordo (lo cual dudo) o apreciaba la belleza en cosas que a simple vista no la tienen. Para él incluso el llanto de un niño podía ser algo bonito. Nada podía fastidiar la llegada a su destino con una sonrisa de oreja a oreja. Y de estas cosas se aprende, y mucho.

Cada viaje es una aventura, y creo que nunca debemos perder la oportunidad de conocer a gente, a esas personas que aunque creas que no tienes nada en común con ellas, pueden hacerte más ameno el viaje. Aunque también me gustan los trayectos silenciosos, para reflexionar y pensar.

Cada persona tiene una vida. Problemas. Dudas. Destinos. Caminos. ¿no es esto apasionante? Saber que solo eres una minúscula parte del total. Que solo eres una persona más en un bus. Que a nadie del bus le importas, simplemente eres un personaje secundario de su vida. Que nunca te reconocerá en la calle si te ven con un "ah, tu eres el chico del bus". Que nadie se preocupa de por que sonríes, o porque estás triste, pues en un autobús solo estas porque tienes que estar, igual que ellos. Igual que a ti tampoco te importan sus vidas y pocas veces te has parado a pensar que les pasa por sus cabezas. Porque somos tan irrelevantes en el mundo que nuestra ausencia no cambiaría absolutamente nada.

 

¿O tal vez sí? Me gustaría pensar que aunque para la gente, la sociedad, y el autobús, solo sea "ese que está porque le colocaron ahí"  hay personas que realmente notarían mi ausencia. Poder llegar a hacer algo grande para que si algún día te vas, se note. No tiene porque ser exageradamente espectacular, lo suficiente para que te recuerden.

Es increíble como sin saberlo, tu vida puede relacionarse con esas personas que alguna vez miraste desde un bus. Como esa persona puede cambiar tu vida y tú la suya. Pero mientras que eso no ocurra seguirán siendo peatones que circulan y pensamientos, ideas y preguntas que surgen y que por ahora, no serán contestadas. 

Me encuentro sentada en el asiento izquierdo de el coche de mi padre, y me dirijo hacia mi casa. Mientras iba en el coche yo estaba pensando en todo lo que tenía que hacer en ese fin de semana, que si estudiar para el examen del lunes, empezar asignaturas, que si deberes de tal... y me acorde de que tenía que terminar mis trabajos de filosofía, que tenía que ponerme a hacer las experiencias... y tal. Me puse a pensar que es lo que me faltaba, y caí en la cuenta, de que mientras iba sentada en el coche, era el mejor momento para pensar en que pondría en una de las experiencias que tenía pensado hacer, mirar a la gente, personas, situaciones... de mi alrededor, mientras iba en el coche, así que me puse a pensar...
Estábamos pasando por el serrallo plaza, donde había infinidad de coches, porque estaba lloviendo. Había hombres vestidos de traje... que iría quizá a comer algo rápido, porque el trabajo no les permitía entretenerse... también, mujeres, vestidas de ropa de deporte, que se dispondrían a ir al gimnasio y padres con sus hijos pequeños, que irían a que participaran en las actividades que hacen allí para que los niños disfruten. Seguimos bajando, por la Avenida de Cervantes, que estaba plagada de coches, madres y padres que irían a recoger a sus hijos del colegio, también gente con motos... que mala suerte, que día más malo para coger la moto, iban chorreando... esas personas irían camino a su casa para cambiarse de ropa, y seguro que ¡entrar en calor!.
Mientras iba en el coche, pensado que iba a escribir, me acordé de los coches y personas que veo por las mañanas al ir al colegio...
En la carretera para salir de mi pueblo, hay siempre mucho tráfico. Y mientras estamos parados en la cola, siempre veo a una niña con una vespa rosa, que siempre me pregunto a donde irá, que edad tendrá, iría para su colegio... En los días de lluvia, mi padre y yo cada vez que vemos a alguien con moto, pensamos que pobrecillos que vaya día les espera. Cuando llegamos tarde, siempre da la casualidad de que tenemos a alguien delante, que va más lento, y que nos pone de los nervios. O cuando dejan los coches en segunda fila, mi padre y yo siempre pensamos... ¡claro deja el coche en segunda fila para ir a dejar a los niños al colegio y de paso pues habla con los demás padres y madres! Y claro eso forma que tengamos que esperar al momento de que podamos adelantarlos bien... también, cuando vemos a los niños y niñas por las mañanas, unos corriendo porque llegarán tarde a las clases, cuando ves a otros que van con cara de dormidos y dan ganas de decirles ¡despierta!, o cuando ves a algunos, que tienen una vestimenta, a veces rara, o que no nos gusta, que siempre nos preguntamos ¡¿a dónde irá así...?!
O si ves a una madre, desde la ventanilla regañando a su hijo, piensas que habrá hecho... o simplemente, cuando la persona que tienes delante, pone el intermitente para el mismo lado que tu y te preguntas si se dirige al mismo destino que tú, o si tira para el lado en el que sabes que por ejemplo se va al cine, si será porque va allí...
A veces, también me pregunto, cuando veo a una persona por ejemplo pobre, a dónde se dirigirá en el momento que yo la veo... si estará buscando trabajo o si sus hijos tendrán comida con la que alimentarse, o al revés, cuando ves a una persona que se nota, que su clase de vida es más sofisticada, cuando ves a una mujer con las uñas postizas, vestimenta perfecta, el pelo perfectamente planchado... a dónde irá, ¿será una mujer de negocios, irá a comprarse más ropa, a gastarse dinero en algún capricho, o a lo mejor a cuidar a niños sin ayudas o a donar dinero? La verdad es que muchas veces no hacemos caso y nos da igual lo que vayan a hacer los demás, pero esta experiencia, es divertida hacer mientras vas en el coche o incluso en el autobús, pero con cuidado, ¡que te saltas la parada!

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